International Network for Peace

La Red de Afectados por violencia política

Quiénes somos

Somos una red global de organizaciones formadas por personas que han perdido a sus seres queridos o han sido afectados directos de guerras, armas nucleares, terrorismo, genocidio, crimen organizado o violencia política.
Trabajamos juntos para romper las espirales de la violencia y la venganza; siendo un compromiso nuestro honrar las memorias de las víctimas y la dignidad de los supervivientes.
Nuestra tarea es transformar nuestro dolor y pérdida en acciones por la paz.

 

Los artículos más recientes



Declaración de ’Mañana en Paz’

Comisiones militares en Guantánamo

Peaceful Tomorrows - Traducción Beatriz Abril
Jueves 10 de mayo de 2012

1 de mayo, 2012

Los Estados Unidos deben a las víctimas del 11 de septiembe y, de hecho, al mundo entero, una respuesta jurídica a los atroces crímenes del 11-S que sea incuestionable y meticulosa en el cumplimiento de la legalidad. La Comisión Militar de Guantánamo que está programada para procesar a Khalid Sheikh Mohammed y a otros cuatro supuestos autores de dichos atentados el sábado 5 de mayo es la última manifestación de un sistema que ha fracasado en repetidas ocasiones en honrar a nuestra Constitución y al estado de derecho.

La justicia es, sin duda, nuestro objetivo común.

Nuestra organización September 11th Families for Peaceful Tomorrows (Familias del 11-S por un mañana en paz) seguirá de cerca de los procesos de Guantánamo y espera con impaciencia las pruebas que respalden la acusación de los responsables de los atentados del 11-S y el asesinato de miles de personas.

No apoyamos la pena de muerte para ninguna persona que haya sido declarada culpable. Las muertes de nuestros seres queridos exigen estado de derecho, no una retribución.

Del mismo modo, esperamos que la Comisión saque a la luz la verdad sobre la tortura de los acusados y tome medidas para llevar a los responsables de esta violación del derecho internacional y nacional ante la justicia.

Los miembros de September 11th Families for Peaceful Tomorrows
http://peacefultomorrows.org/

Teléfono de contacto: 212.598.0970



Acto In Memoriam

Aniversario del atentado ’El Descanso’

Asociación 11M Afectados del Terrorismo
Martes 10 de abril de 2012
Madrid, a 10 de abril de 2012

Estimados socios/as,

El próximo jueves 12 de abril a las 19 h. en el Bosque del Recuerdo (Parque de El Retiro, Madrid), realizaremos un acto In Memoriam por las víctimas del atentado del Restaurante "El Descanso", perpetrado en dicho restaurante el 12 de abril de 1985, siendo su 27º aniversario.

Durante el acto se procederá, en recuerdo a los 18 asesinados y cerca de 100 heridos, a la interpretación de unas piezas musicales, la lectura de poemas y unas palabras IN MEMORIAM por parte de víctimas de dicho atentado y guardaremos un respetuoso minuto de silencio, que elevaremos a nuestras múltiples estrellitas.

Os esperamos junto con las víctimas de este olvidado e ignorado atentado, el primero de corte yihadista ocurrido en suelo español.

Por eso os pedimos que divulguéis el acto a vuestros allegados. Hagámosles visibles ante la sociedad, no dejemos que su segunda muerte sea el olvido.

Recibid un fuerte abrazo y un beso,

La Junta Directiva
Asociación 11M Afectados del Terrorismo


Mesa Redonda

’Paz en positivo: un reto posible’

Fundación Sabino Arana (Sabino Arana Fundazioa)
Viernes 28 de octubre de 2011

Continuando con la iniciativa puesta en marcha el pasado año en colaboración con diferentes grupos y colectivos pacifistas de ámbito internacional, Sabino Arana Fundazioa ha organizado para el próximo 27 de octubre, jueves, en su sede de GOAZ Museum de Bilbao, a partir de las 19:30 horas, un nuevo encuentro bajo el título “Paz en positivo: un reto posible”.

Para ello contaremos con la participación de representantes de colectivos y organizaciones pacifistas de ámbito internacional que creen que es posible la transformación del dolor causado por el terrorismo en una paz de convivencia y de reconciliación. Concretamente, relarán sus experiencias y el trabajo que desarrollan en sus respectivas organizaciones Nour Aldin Shehada y Avner Horwitz, ambos miembros de la organización palestino-israelí “Combatants for Peace” (Combatientes por la paz). Nour es palestino y Avner, israelí. Asimismo, también aportará su experiencia Andrea Leblanc (americana), miembro de "Peaceful tomorrows" (Por un mañana en paz), asociación creada a raíz de los atentados del 11 S.

ENTRADA LIBRE HASTA COMPLETAR AFORO

Fuente: sabinoarana.org

Más información: El País, "El camino que sucede a las armas" 27 oct. 2011

Cartel anunciador



Actúa

Por los derechos de las mujeres en Afganistán

Amnistía Internacional
Miércoles 16 de noviembre de 2011

Diez años después de la invasión militar, el gobierno afgano y sus aliados internacionales han incumplido muchas de las promesas que hicieron al pueblo afgano. Sin embargo, se han detectado algunos avances en la promulgación de leyes relativas a los derechos humanos, la reducción de la discriminación contra las mujeres y el acceso a la educación y atención médica.

Pero estos avances, que tanto ha costado conseguir, podrían verse comprometidos si el gobierno afgano y sus socios internacionales llegan a un acuerdo político con los talibanes y otros grupos armados de oposición.

“No puede haber seguridad nacional sin seguridad para las mujeres. No puede haber paz si la vida de las mujeres está llena de violencia, si nuestras hijas no pueden ir a la escuela, si no podemos pisar la calle por miedo a que nos arrojen ácido” Mary Akrami, directora del Centro de Desarrollo de Capacidades de las Mujeres Afganas.

Los talibanes cuentan con un historial atroz de abusos de derechos humanos. A las mujeres les han negado el acceso a la educación y al empleo, la libertad de movimiento, de expresión y la participación política.

Las mujeres afganas podrían enfrentarse a un peligroso futuro si no se cuenta con ellas en las negociaciones de paz con los talibanes.

No podemos permitir que se dé marcha atrás, y así se lo pedimos al presidente de Afganistán. Te invito a apoyar esta campaña de Amnistía Internacional en la que cada firma es necesaria. Y, por supuesto, si puedes, no dejes de enviar esta información a tus contactos.

Muchas gracias por ayudarnos a trabajar por la igualdad con las mujeres afganas.

Fuente:
Amnistía Internacional - Sección española



La Vanguardia

Familiares de víctimas palestinas e israelíes donan conjuntamente su sangre

HENRIQUE CYMERMAN | JERUSALÉN Corresponsal
Domingo 8 de enero de 2012

Círculo de Padres une a 650 familias israelíes y palestinas que en el conflicto han perdido a seres queridos

Están unidos por el dolor. Son miembros de un movimiento cuyo sueño sería simplemente… no existir. Son 650 familias palestinas e israelíes marcadas por el luto que en 1995 decidieron crear el Círculo de Padres-Foro de Familias con un objetivo final: la reconciliación entre los dos pueblos.

Han perdido a seres queridos en atentados terroristas o en operaciones militares, y debaten horas y horas sobre cómo acercarse mutuamente, organizan campamentos para niños y jóvenes, despliegan féretros simbólicos en las plazas centrales de Tel Aviv, Ramala y Nueva York, o crean el hello peace (hola paz), una línea telefónica que permite a gente que no se conoce, de los dos lados de la frontera, hablar unos con otros por primera vez en sus vidas, y el contacto y los debates siguen las redes sociales. Acompañamos a Ali Abu Awad y Aharon Barnea a un colegio israelí y a un colegio palestino para ver cómo hablan de paz con niños de todas las edades. Ellos y otros activistas acuden todos los años a más de mil colegios de los dos bandos.

Para muchos niños es la primera vez que se encuentran cara a cara con alguien del otro lado. "Hay momentos difíciles", explica Ali. "A mí me han llamado mono y un adolescente israelí me dijo que se alegra por el asesinato de mi hermano. Una niña palestina le espetó a Aharon que seguro que su hijo mereció morir".

Aharon Barnea, nacido en Argentina, vive en Israel desde hace 53 años. Toda la vida fue un activista de izquierdas, y su hijo Noam siguió sus pasos. Como gran parte de los jóvenes israelíes, Noam Barnea cumplió su servicio militar obligatorio de tres años. Cuando faltaban cinco días para finalizar su mili, en 1999, encabezando una unidad de desmantelamiento de minas en el sur de Líbano, un comando de Hizbula que le veía a distancia con prismáticos activó una carga explosiva y le mató en el acto. "Cuando sus oficiales vinieron aquí a casa para anunciarnos la muerte de Noam, me entregaron un pin que llevaba escondido en su bolsillo y que decía: ’Retirarse de Líbano en paz’. En ese momento decidí dedicar mi vida a la reconciliación y presionar a los políticos en ese sentido".

Ali Abu Awad, de 38 años, pertenece a una familia de la población palestina de Bit Umar, en Cisjordania, conocida por su lucha contra la ocupación israelí durante la intifada. Su madre era una destacada activista política del grupo Al Fatah, y Ali fue capturado por el ejército israelí tras lanzar piedras, cócteles molotov, bombas incendiarias y perseguir colaboradores palestinos de las fuerzas israelíes.

Su hermano Yusef tenía 30 años cuando, un día del 2002, se encontró en la entrada de Bit Umar atrapado en medio de un violento enfrentamiento entre manifestantes palestinos y soldados. "Yusef salió del coche y pidió a los jóvenes del pueblo que detuvieran sus pedradas. Un soldado israelí enfadado al ver que sólo obedecían a mi hermano y al ejército no le hacían ni caso se volvió loco, le apuntó el fusil a la cabeza y le disparo a sangre fría. Yusef murió en el acto".

El soldado fue arrestado por su oficial, que le retiró el arma, y los Abu Awad desconocen qué le ocurrió. Sólo saben que se abrió una investigación contra él. El hermano mayor de Ali, Jaled, de 46 años, cuenta que durante meses la familia se encerró en su casa en estado de shock. "Un día nos llamaron del Círculo de Padres-Foro de Familias y nos pidieron visitar Bit Umar y darnos el pésame", recuerda. "Al principio yo no quería, pero al final aceptamos".

Durante horas, israelíes y palestinos que perdieron hijos, hermanos y padres relataron en mi salón sus respectivas desgracias. Fue muy duro para todos. Pero, al final, nuestra familia decidió unirse al movimiento. "Mi mayor venganza es la reconciliación", explica Ali.

"No me reconcilio porque esté enamorado de Israel –afirma–. Lo hago porque encontré israelíes que piensan como yo, y con la ayuda de los cuales puedo luchar conjuntamente para lograr mi gran meta, la liberación".

Ali y su hermano mayor, Jaled, son miembros de la directiva del foro, al que dedican sus vidas. A menudo se reúnen en el hotel Everest, un lugar considerado tierra de nadie entre la población palestina de Beit Jala y Jerusalén, al que pueden acudir tanto israelíes como palestinos sin tener que obtener permisos especiales.

Jaled Abu Awad explica a un grupo de padres y madres israelíes y palestinos, algunos de ellos con las fotos de sus hijos muertos colgados al cuello, que "hay que superar la ira y el odio y las heridas propias".

La israelí Robbie Damelin y la palestina Julud, que prefiere no revelar su apellido, hablan en un rincón de la sala. Julud, madre palestina de tres hijos, continúa vistiéndose de negro, seis años después de la muerte de su hijo Mahmud, que tenía 18. "Esta mañana anuncié a mi familia y a mis vecinos que venía a un encuentro del Foro de Padres. Algunos de ellos me acusaron de vender la sangre de Mahmud. Yo les contesté que vengo justamente para evitar que algo similar le ocurra a los dos hermanos de Mahmud". Y añade: "Tengo más en común con la israelí Robbie que con algunos de mis vecinos". Representan un pequeño porcentaje de sus pueblos, pero afirman que "para construir un puente, basta con un pequeño grupo de gente".

Recientemente vimos cómo se reunían en el hospital Shiba de Tel Aviv para donar sangre conjuntamente. El espectáculo era irreal. Activistas israelíes y palestinos, lado al lado, en camillas de hospital, con una sonrisa y un objetivo común.

Aharon Barnea resume la filosofía del foro: "No matarás a alguien que lleva tu sangre".

Fuente:
La Vanguardia - Internacional - 08/01/2012



Blogs Público/ Fuera de lugar

Entrevista con Terry Rockefeller

Amador Fernández-Savater
Domingo 11 de septiembre de 2011

“Buscamos caminos para cortar la espiral de violencia que desató el 11-S”

Comienzo de la entrevista con Terry Rockefeller aparecida el 10-9-2011 en Público, por Margarita Padilla, Juan Gutiérrez y Amador Fernández-Savater

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Terry Rockefeller y Beatriz Abril
Terry Rockefeller es documentalista y activista por la paz. Ha realizado documentales sobre el movimiento por los derechos civiles y La Gran Depresión en EEUU. Perdió a su hermana Laura en el 11-S y desde entonces participa activamente en la organización Peaceful Tomorrows (Mañana en Paz). Forma parte de la International Network for Peace (Red de Afectados por Violencia Política).

Tras cada acto de violencia y terror surge un grito: “nunca más”. En el caso de Peaceful Tomorrows, ese grito va más allá de la exigencia de castigo para los responsables del 11-S y se traduce en acciones de paz positiva que asumen dimensiones globales. Acciones de paz que pasan, en buena medida, por entender (y ayudar a entender) la violencia, sus razones y consecuencias. Entender la violencia, para no reproducirla.

- Terry, ¿qué te ocurrió el once de septiembre?

Mi hermana Laura era actriz y cantante, vivía en Nueva York. Encontró un trabajo de dos días como ayudante en un curso de nuevas tecnologías que se desarrollaba en el World Trade Center. Cuando el primer avión golpeó la torre norte, ella estaba en el piso 106. Enseguida fui hasta allí. Era un paisaje de pesadilla, hierros retorcidos, escombros de hormigón y un humo muy denso que se elevaba desde los restos. Lo primero que pensé fue: “alguien ha querido hacer esto”. Me abrumó la intencionalidad de la violencia del 11-S.

- Cuando los atentados del 11-M en Madrid, la ciudadanía enseguida relacionó el “no a la guerra” y los atentados, por eso la crítica de la guerra se hizo muy presente. Y mientras que los grupos más militantes quedaban paralizados por sus visiones internas, la ciudadanía (supuestamente “no concienciada”) desplegó un abrazo social de amor y solidaridad que arropó a las víctimas en un deseo de paz, neutralizando el deseo de venganza y de guerra. Nuestra impresión es que en EEUU no pasó lo mismo.

¡Pero en Nueva York fue exactamente así! La solidaridad se desbordó. Se improvisaban santuarios de duelo y recuerdo por la calle, los restaurantes ofrecían comida gratuita, la gente manifestaba su apoyo de mil formas distintas. ¿Sabes? Las ciudades menos interesadas en la venganza fueron aquellas tocadas más directamente por los atentados. La gente que vivió de cerca la destrucción no estaba preocupada por la revancha. Es verdad que ese “abrazo social” no llegó a cambiar la política como ocurrió en España, con la victoria de Zapatero y la salida de las tropas. Nuestra política cambió, pero a peor. Desde EEUU vimos con asombro todo lo que sucedió tan rápidamente en España.

- ¿Cómo reaccionaste a la muerte de tu hermana?

La gente me preguntaba: “¿no estás furiosa? ¿No quieres venganza?” Claro que estaba furiosa, nos habían arrebatado brutalmente a Laura, ya no podríamos escucharla cantar ni reír, ella no podría cumplir ninguno más de sus sueños. Pero la venganza es un tema muy diferente. Tras visitar la zona cero en Nueva York, era incapaz de imaginar en qué podría consistir una venganza. Y tenía el sentimiento irresistible de que perseguirla empujaría el mundo fuera de todo control.

Mantener esta posición no fue fácil, en el ambiente caldeado post-11S. Algunas personas de Peaceful Tomorrows hemos sido tildadas de anti-patrióticas en varias ocasiones. Un locutor de radio llegó a acusarme de no amar a mi hermana, cuando dije que me parecía importante preguntarse porqué Al-Qaeda había llevado a cabo los ataques del 11-S. ¡Confieso que no fue fácil sentirme no violenta con ese locutor de radio!

- ¿Qué es Peaceful Tomorrows?

Una organización donde familiares y víctimas buscamos caminos para cortar la espiral de la violencia que desató el 11-S, lo que se conoce como “Guerra contra el Terror”. Nos hacemos cargo, no sólo de nuestros familiares, sino de todos las personas que han muerto debido al 11-S. Nos hemos embarcado en numerosas campañas desde 2002: nos oponemos a las guerras en Irak y Afganistán; reivindicamos justicia democrática para los responsables del 11-S y no juicios militares; exigimos el cierre de Guantánamo y que los torturadores rindan cuentas; y trabajamos muy duro contra la ola de islamofobia que amenaza con anegar EEUU.

Si lo desea puede leerla completa en:
Fuera de lugar (Blog de Amador Fernández-Savater)



EL PAÍS, 21/02/12

Dieciocho años

Nicole Muchnik, periodista y escritora
Miércoles 22 de febrero de 2012

Es el tiempo que ha tenido que pasar para que las pruebas echen por tierra la versión oficial francesa sobre la guerra genocida ruandesa. El informe hecho público por el magistrado Marc Trévidic después de una larga investigación sobre el terreno y la audición de testigos que hasta entonces nunca se habían tomado en consideración pone punto final a la propaganda negacionista gubernamental francesa en lo que concierne a su responsabilidad por la muerte de un presidente ruandés y por el genocidio que se derivó de ella.

Han sido precisos dieciocho años para que lleguen a la opinión pública lo que algunos periodistas que hacen honor a su profesión (Colette Braeckman, de Le Soir de Bruselas, Patrick de Saint-Exupéry de Le Figaro, François Xavier Verschave, Michel Sitbon de las Ediciones Dagorno, Jean-Paul Gouteux, Medhi Ba, David Servenay, Gabriel Périès, Jacques Morel, Gerard Prunier, Linda Melvern) sabían y escribían a riesgo de ser perseguidos por la justicia: el atentado cometido el 6 de abril de 1994 contra el Falcon del presidente ruandés Juvénal Habyarimana fue un golpe de Estado perpetrado por extremistas hutus. De hecho, aunque el atentado nunca fue la causa de la sangrienta depuración étnica, anunciada y preparada desde 1991, la muerte del jefe de Estado hutu fue la señal para el comienzo del tercer genocidio de la historia reconocido por Naciones Unidas, el cometido entre el 6 de abril y el 4 de julio de 1994 por el régimen hutu contra la población tutsi (y sus apoyos hutus) y que causó más de 800.000 muertos.

Durante dieciocho años, a pesar de los testimonios de personalidades como el general canadiense Roméo Dallaire, al mando de la misión de la ONU (MINUAR) en 1993-1994, o del doctor Pasuch Massimo, médico militar belga miembro de la MINUAR, el juez Bruguière se ha mantenido firme en su postura: el atentado no era sino obra de los rebeldes del FPR con el objetivo de devolver al poder al tutsi Paul Kagamé.

Pero los hechos son tozudos. Un estudio balístico acaba de aportar la prueba de la culpabilidad de los hutus en el asesinato de su presidente. Este regresaba de Arusha, donde, bajo la presión de la comunidad internacional, había prometido aplicar por fin los acuerdos de paz firmados con el FPR en 1993, que le obligaban a formar un gobierno de unidad nacional con los rebeldes tutsis. Un acuerdo que en absoluto satisfacía a los extremistas hutus.

También contrariaba en sumo grado a la política africana de Francia, la cual, desde finales de los años 80, sostenía abiertamente al presidente hutu Habyarimana, aun sabiendo que las Fuerzas Armadas Ruandesas (FAR) y las milicias hutus estaban implicadas en una represión feroz de todos los oponentes tutsis, incluida la fuerte minoría tutsi exilada en Uganda y organizada en el seno del Frente Patriótico Ruandés (FPR). Después del atentado, el sociólogo André Guichaoua, presente en Kigali en abril 1994, habría dicho que era en los locales de la embajada de Francia en Kigali, y en presencia del embajador Marlaud, donde se reunieron quienes formaron el nuevo gobierno responsable del genocidio de los tutsis.

Pero durante dieciocho años, en nombre de la razón de Estado y gracias a la investigación partidista del juez Bruguière, no solamente no se arrojó luz alguna sobre la responsabilidad de los criminales hutus y la de los militares, políticos y diplomáticos franceses destinados en Ruanda, sino que se instrumentó un auténtico montaje de declaraciones oficiales y de informaciones negacionistas, cuyos responsables conocidos (entre otros, los periodistas Stephen Smith, Pierre Péan, Jean Hélène y Jacques Isnard, el juez Bruguière, los ministros Bernard Debré, Alain Juppé, Edouard Balladur y François Léotard) impidieron que se realizara la verdadera investigación evocando las hipótesis más fantasiosas, tales como la responsabilidad del gobierno belga o la de la CIA y Estados Unidos. Al hilo de la desinformación establecida, la justicia llegaría a condenar a informadores auténticos, como Jean Paul Gouteux y el editor de L’Esprit Frappeur, pioneros del problema del genocidio en Ruanda.

En 2007, diez años más tarde, el problema cambiaba de escala. Cuando todos esperaban que el nuevo juez, Marc Trévidic, se contentaría con cerrar el dossier, este mismo, por el contrario, envió a un equipo para que volviera a escuchar a los testigos clave. Los testimonios obtenidos de entre los supervivientes y de antiguos militares o milicianos ruandeses por periodistas o investigadores independientes como Monique Mas, Georges Kapler y Cécile Grenier aclaraban con una luz cegadora la responsabilidad del Gobierno francés en su grado más alto, no solamente en el atentado contra el presidente Habyarimana, sino también en la preparación del genocidio. “Es difícil de creer que la preparación técnica de las masacres, para las cuales fue necesario comprar millares de machetes, no llamase la atención de los 47 oficiales franceses incorporados entonces al ejército ruandés y situados bajo la autoridad directa del Gobierno francés”, escribía Linda Melvern en 2008 en su trabajo sobre el exterminio ruandés.

En el mismo año 2007 dos documentos secretos iban a ser desclasificados y exhumados de los archivos del Ministerio de Defensa francés. En el primero, el coronal Poncet recomienda “no mostrar a los medios a soldados franceses absteniéndose de poner fin a las masacres de las que eran testigos”. En el segundo, el coronal Cussac confirma que “en el ejército francés se sabía desde el 8 de abril que las masacres tenían por objetivo a los tutsis”. El general Dallaire va más lejos: “Había muchos militares franceses en el Estado Mayor del ejército ruandés y, en particular, en la Guardia Presidencial…¡y permanecieron allí hasta el final!”

Actualmente el juez Trévidic estaría siendo objeto de presiones e intimidaciones que han puesto en alerta a las asociaciones y sindicatos franceses de la magistratura. Todo lo cual, lejos de cerrar el debate, en modo alguno supone un punto final para la investigación más grave, la que atañe a un gobierno democráticamente elegido por su participación en el último genocidio del siglo XX.

Cualquiera sea el resultado de las elecciones de mayo 2012, sería necesario para la ética más elemental y el respecto a la dignidad humana que el nuevo presidente se enfrentara con el contencioso de Ruanda.

Nicole Muchnik es escritora y periodista
Traducción de Juan Ramón Azaola

Diario EL PAÍS, martes 21 de febrero de 2012. Opinión, pág. 27



Talks

Julia Bacha: Prestemos atención a la no violencia

TED, Ideas worth spreading
Jueves 8 de septiembre de 2011

En el 2003, el pueblo palestino de Budrus organizó una protesta no violenta de 10 meses de duración para detener la construcción de un muro en sus olivares. ¿Se enteraron ustedes de eso? Creo que no. La cineasta brasileña Julia Bacha pregunta por qué sólo prestamos atención a la violencia en el conflicto israelo-palestino y no a los líderes no violentos que algún día podrían traer la paz.

Julia Bacha es la responsable de los medios de comunicación en Just Vision y la directora y productora de "Budrus," un documental sobre Cisjordania, una barrera enorme y la resistencia no violenta.

Vídeo traducido al español por Veronica Martinez
Revisado por Vanessa Anichiarico Saenz

TED, Ideas worth spreading (TED, Ideas que merece la pena difundir)



Web

Andrea LeBlanc: ’Busco justicia, no venganza’

Por Brooke Jarvis - YES! Magazine - Trad. Beatriz Abril
Viernes 6 de mayo de 2011

Una viuda del 11-S que trabaja por la paz cuando el mundo espera que busque venganza

Tras conocer la noticia de que Osama bin Laden, el hombre responsable de los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001, había sido asesinado por fuerzas estadounidenses en Pakistán, muchos americanos salieron a las calles a celebrarlo. Envueltos en banderas estadounidenses, coreaban « ¡USA, USA!» y encendían bengalas y fuegos artificiales. A la mañana siguiente, los periódicos amanecían con titulares exultantes. « ¡Venganza por fin! EE.UU. da caza al bastardo», declaraba el New York Post, mientras otras publicaciones más moderadas citaban el discurso del Presidente Obama: «Se ha hecho justicia».

Entre tanto, algunas personas que perdieron a sus familiares durante el atentado de bin Laden, un grupo del que se habría esperado que se uniera a las celebraciones, emitió una declaración serena:

Nuestra esperanza es que el estado de derecho, respaldado por nuestra Constitución, que ha sido puesto a prueba de una manera tan terrible en nombre del 11 de septiembre, vuelva a ser el faro que guíe nuestra política en casa y en el extranjero. Puede que una persona haya jugado un papel central en los ataques del 11 de septiembre, pero todos nosotros tenemos un papel que jugar para que nuestro mundo vuelva a ser un lugar de paz, de esperanza y de nuevas posibilidades. Esperamos que hoy empiece este proceso.

Provenía de September Eleventh Families for Peaceful Tomorrows (Familias del 11 de septiembre por un mañana en paz), un grupo que ha generado confusión en cuanto a las expectativas de la gente, ya que se formó tras las el 11-S. Sus miembros se unieron no porque quisieran vengar a sus seres queridos, sino porque no querían que continuara el ciclo de violencia que llevó a su muerte. Se han opuesto a las guerras en Irak y Afganistán, a los procesos extrajudiciales de Guantánamo, a la violenta reacción contra la llamada mezquita de la Zona Cero e incluso a la pena de muerte para Zacarias Moussaoui, condenado por cargos de terrorismo.


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Andrea LeBlanc
guardian.co.uk

Hablé con Andrea LeBlanc, una veterinaria y miembro de la junta de Peaceful Tomorrows, cuyo marido, Robert, murió en el World Trade Center, y descubrí lo que es trabajar por la paz cuando todo el mundo espera de ti que desees venganza.

Brooke Jarvis: Me gustaría que me hablara de su experiencia en el 11-S, ¿qué ocurrió?, ¿cómo se sintió?

Andrea LeBlanc: Mi marido, Robert LeBlanc, daba clases de Geografía Cultural en la Universidad de New Hampshire; volaba a Los Ángeles para dar una conferencia esa mañana. Voló desde el Aeropuerto Logan, en Boston [en el vuelo 175, el avión que se estrelló contra la torre sur del World Trade Center].

El domingo anterior salí a dar una vuelta y a disfrutar del día, era un día precioso y espléndido. Y de repente me vino un pensamiento que ya me había sobrevenido en otras ocasiones pero ese domingo ocurrió de nuevo; que un día tan bonito podía perderse en un segundo. Eso es lo que sucedió en el 11-S: ocurre sin previo aviso, te coge desprevenido y lo cambia todo. El 11-S fue devastador por muchos motivos. Nos llevó a mí y a mi familia mucho tiempo aceptarlo.

Brooke Jarvis: ¿Cómo se sintió cuando le llegó la noticia de que habían matado a bin Laden?

Andrea LeBlanc: La gente sigue preguntándote « ¿Esto ha hecho que cierres un ciclo?» Y no sé si creo que exista tal cosa, realmente no sé qué significa. Cuando la tragedia te golpea, poco a poco, con el tiempo, aprendes a absorberla. Se vuelve parte del tejido de tu vida, no desaparece, simplemente aprendes a vivir con ello.

Ciertamente, la muerte de bin Laden no cerró ningún ciclo para los familiares de víctimas que conozco. Ninguno sentimos que fuera motivo de celebración. Imagino que en parte es porque no celebras la muerte de nadie, incluso aunque sea tu enemigo. Es algo odioso.

Realmente, todos suponíamos que lo encontrarían, pero para mí no ha sido ningún tipo de logro que alcanzar que haría que todo volviera a estar bien.

Osama bin Laden era un sólo hombre. Que ya no esté en escena no resuelve el problema. El 11-S no vino de la nada; hubo decisiones, incluidas las de EE.UU., que dieron lugar al atentado. Esas cuestiones realmente todavía no se han preguntado, mucho menos respondido. Ahora me veo pensando las mismas cosas que pensaba en el 11-S: ¿De dónde viene esto? ¿Qué les ha ocurrido a estos seres humanos para que realizaran estos actos horribles? ¿Qué genera el odio? Creo que los seres humanos nacen con la capacidad de tener empatía y compasión, en la misma medida o incluso más que de ser agresivos. Todo depende de lo que alimentes.

Brooke Jarvis: ¿Cómo se convirtió en miembro activo de Families for Peaceful Tomorrows y qué han significado para usted en estos años?

Andrea LeBlanc: Después del 11-S, me sentía alejada porque mis respuestas no eran las que la gente parecía tener. Primero la gente se unía en acto de buena voluntad y bondad y poco después esto cambió en algo que me resultó un patriotismo bastante alarmante. En aquel momento, no tenía fuerzas para rebatirlo, tan sólo sentía la necesidad de sanar las heridas, pero después estaba mejor, más fuerte y salí al exterior. Sin embargo, me sentí muy sola en medio de todas esas banderas que ondeaban en campaña por la guerra porque esa no era mi respuesta, ni la de mis hijos, ni habría sido la respuesta de mi marido. Resultó que, por otro lado, había mucha gente que decía lo mismo que yo sentía: No en nombre de mi ser querido.

Antes de descubrir a Peaceful Tomorrows, había visto, creo que en el programa de Bill Moyers, que un grupo de personas que había perdido a sus familiares en los atentados había viajado a Afganistán para reunirse con familias que habían perdido a sus seres queridos a causa de los bombardeos estadounidenses. Y me sentí tan agradecida hacia ellos. Me quedé ahí sentada, llorando, tan agradecida de que alguien hubiera hecho algo que para mí tenía sentido.

Kathy Kelly, de la organización llamada entonces Voices in the Wilderness, contactó con todas estas personas que escribían cartas al director o daban discursos y les preguntó « ¿Os conocéis entre vosotros?» Y no se conocían, así que les sugirió que se reunieran en una marcha desde el Pentágono a Nueva York en noviembre de 2001. Ese fue el comienzo de Peaceful Tomorrows, organización que vio la luz en la primavera siguiente. Yo no había oído hablar de ellos hasta diciembre de ese año. Cuatro mujeres habían ido a Irak durante la época previa a la guerra para intentar mostrar la cara humana del pueblo iraquí, y fui a Nueva York para conocerlas. En cierto modo, esta ha sido la estructura de mi vida desde entonces.

Brooke Jarvis: ¿En qué sentido?

Andrea LeBlanc: La idea que resuena en mi mente es que podemos elegir, en todo momento, lo que hacemos con nuestras emociones. El enfado y la desesperación pueden destruirte - yo podría haber sucumbido a la desesperación si no hubiera encontrado a Peaceful Tomorrows – pero tienes la opción de no dejar que eso ocurra, y de hacer algo positivo con tus emociones.

Para el quinto aniversario del 11-S, celebramos un encuentro internacional de 30 organizaciones cuyo denominador común era que reunían víctimas y familiares de víctimas para buscar soluciones no violentas al conflicto. Venían de todas las partes del mundo: Sudáfrica, Irlanda del Norte, Ruanda, Japón, madres de desaparecidos en Chile, familiares de víctimas de los atentados de Madrid, israelíes y palestinos que habían sufrido el asesinato de sus seres queridos…

Les habían ocurrido cosas horribles a ellos y a sus familias. Conocí a un ruandés que había perdido a 35 familiares, personas cuyas vidas, pueblos, potencial, futuro, educación habían quedado destruidos. En muchos sentidos, a lo que ellos se enfrentaban era mucho más devastador que lo que nos ocurrió en el 11-S. Le dije eso al ruandés y él me contestó: «Te equivocas. Es lo mismo». Me quedé sin palabras.

Estas personas se reunieron y se hicieron amigos de inmediato, reían y compartían y de ese grupo nació la Red Internacional de Paz (International Network for Peace). Resulta difícil mantenerla por las distancias y la barrera del idioma o la falta de acceso a un ordenador, pero es una red poderosa de personas que avanzan por una senda en la misma dirección.

Hay muchas historias como esas ahí fuera, muchas, muchísimas. Pero la gente no las conoce. La historia suele centrarse en hechos terribles, historias de guerra, odio y trauma. Los Gandhis y los Martin Luther Kings son poco más que notas al pie. Mi misión personal es hacer que las historias de paz y de humanidad estén tan presentes como las anteriores. Hay tantas cosas buenas en el mundo que la gente no conoce, pero que debe conocer.

Sabe, yo soy abuela. Creo que mis nietos se merecen tener todas estas historias y saber que hubo gente que hizo las cosas de otra manera, que no usó la violencia.

Brooke Jarvis: Tras los atentados del 11-S, la revista YES! formó parte de una campaña llamada «Justicia, no venganza». Hemos visto, creo, muchos ejemplos de las formas que puede tomar la venganza. ¿Cómo sería, para usted, la justicia?

Andrea LeBlanc: Lo primero de todo, creo que la justicia se encuentra en la sala de juicio, no en el campo de batalla. Desde sus inicios, Peaceful Tomorrows ha estado trabajando no sólo para acabar con las guerras en Irak y Afganistán, sino también para cerrar Guantánamo.

Ayer, la gente seguía diciendo «Se ha hecho justicia». Yo no sentía que fuera así. Sí, bin Laden hizo algo horrible, brutal. Pero yo habría preferido que se le llevara ante los tribunales. Esto fue un asesinato y me temo que servirá para avivar el odio de otros y para que se convierta en un mártir.

Creo que existe una percepción, al menos en esta sociedad, de que si eres una víctima, no sólo mereces compensación, sino que la necesitas. Para curarte. Ha habido muchos ejemplos desde el 11-S de odio dirigido a lo que los miembros de Peaceful Tomorrows han dicho o hecho, como declararse en contra de la pena de muerte o como parte de la defensa de Zacarias Moussaoui. Les enfureció que hiciéramos eso. Y sólo te preguntas, ¿de dónde viene esta necesidad de estar tan enfadado? Rechazo la idea de que la venganza sea necesaria, normal o justa.

Brooke Jarvis: Cuando ocurren acontecimientos de este tipo, los medios de comunicación suelen pedir la opinión a los familiares del 11-S. Pero usted vive con ese legado todos los días. ¿Cuáles son los mensajes más a largo plazo que le gustaría enviar?

Andrea LeBlanc: Somos muy conscientes de lo que ocurrió como resultado de los atentados: dos guerras y todas las muertes de militares, además de un número mucho mayor de muertes de civiles, la destrucción de vidas y países, la erosión de nuestras libertades civiles y del sistema judicial, la intolerancia, la xenofobia, la islamofobia… todo ello ha sido posible por el factor miedo. Si consigues atemorizar a la gente lo suficiente, puedes hacer casi todo y lo opuesto a los fundamentos sobre los que se asienta este país.

Nuestra preocupación sobre todos esos temas está entrelazada con el hecho de que todo esto se hizo en nombre del 11-S. Nos hace sentir de algún modo que se nos ha dado una responsabilidad con la que no siempre sabemos qué hacer o ni siquiera hemos querido. Pero está ahí, no puedes deshacerte de ella o ignorarla. Debemos levantarnos y decir «No. Esta no es una causa justa. Y no nos sentimos honrados de que maten a gente en nombre de nuestros seres queridos o de los atentados del 11-S.»

Personalmente, creo que se podrían hacer muchas cosas buenas con los dólares que ahora gastamos en el aparato militar. No creo que el problema del terrorismo se resuelva con una solución militar. La gente que conocemos en Afganistán dice que quiere que salgamos de su país; me gustaría que nuestro gobierno escuchara a la gente y a quienes hacen la paz, no sólo a los políticos y a la esfera militar. Si allí debe crearse una democracia, son ellos quienes tienen que hacerlo. Estoy segura de que no resultará fácil y que algunos estadounidenses están muy preocupados porque será culpa nuestra si siguen los enfrentamientos. Pero si el pueblo afgano nos dice que nuestra presencia militar no está ayudando, sino empeorando las cosas, entonces creo que deberíamos escucharles.

Brooke Jarvis: ¿Puede hablarme un poco de su marido?

Andrea LeBlanc: En su funeral, el jefe del Departamento de Geografía – mi marido había sido el director hasta que se jubiló el año anterior – dijo que Bob habría sido la persona a la que sus alumnos, amigos, compañeros y por supuesto su familia se habrían dirigido para comprender mejor lo que había detrás de los atentados. Siempre había estado muy interesado en saber por qué la gente hacía lo que hacía, comía lo que comía, vivía donde vivía. Creía firmemente que cuanto más ibas a distintos lugares y conocías a gente e intentabas entenderles, más te dabas cuenta de que los puntos en común superaban con creces a las diferencias y más difíciles eran de negar. Y, uno espera, más difíciles de vilipendiar.

Después de su muerte, sentí cómo todas las puertas y ventanas de mi vida se cerraban de un portazo. Las percepciones de Bob eran tan interesantes y me hacían comprender tanto. Yo soy veterinaria, mis percepciones van más con la conexión al mundo natural y animal, no se centran tanto en la política mundial. Por eso, tenía que ponerme al día. Todos nos sentimos así. Mi hijo decía: «Papá era una enciclopedia, cuando más le necesito para entender qué está pasado, él ya no está aquí».

En el funeral, el jefe del Departamento citó el Corán: «Oh humanidad, te hemos creado desde el hombre y la mujer, te hemos convertido en tribus y naciones, para que os conozcáis unos a otros, no para que os odiéis unos a otros». Y dijo que resultaba irónico que a Bob le asesinaran las mismas fuerzas que no conocían al otro cuando él dedicó su vida entera a intentar entender al otro.


Entrevista de Brooke Jarvis a Andrea LeBlanc para YES! Magazine, medio de comunicación national, sin ánimo de lucro que fusiona poderosas ideas con acciones prácticas. Brooke Jarvis es editora de YES! Magazine.

YES! Magazine ofrece este trabajo con Licencia Creative Commons.

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Más información (en inglés):

America after Osama bin Laden

I and my group of 9/11 victims’ relatives hope we will take this opportunity to restore the US to the path of justice, not war

Andrea LeBlanc

guardian.co.uk, Tuesday 3 May 2011


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